REFLECTOR
Historia desde el "Merqui"
El Vidajena
Por los lados del Mercado
Público, en uno de esos legendarios bebederos donde grandes figuras
de este país se han pegado sus buenas enfuegadas, trabajan como alternadoras
dos chichis de nombre Mariana y Carmela, cual de las dos más buenas.
Las guiales que son producto nacional hacen la delicia de propios y
extraños que acostumbran a frecuentar el bebedero, pero como tienen
caritas lindas y grandes cuerpazos, entre ellas son muy celosas al punto
que se han dejado de hablar. Sin embargo, ambas coinciden en que el amor
no debe mezclarse con los negocios, todo esto hasta que apareció
en la vida de ambas el pelao Máximo.
Máximo es un interiorano que tiene una carnicería en
el sector. Blanco, de ojos azules, con el sombrero a la pedrá y su
inseparable rascatripas. Cualquiera que lo ve de repente piensa que es un
galán de telenovela mexicana, pero qué va papá, el
man también es producto nacional.
Este paciero acostumbra a aparecerse por las tardes en el bebedero
a bajar cervezas y vacilar a las chichis que llegan por allí. Es
por ello que se topó con las dos más guenonas del bebedero
y de inmediato le puso el ojo a ambas. Por supuesto que ni Mariana ni Carmela
sabían que el interiorano estaba tirando para el "doble play".
Así las cosas, el paciero le tiraba con todo la caballería
a las chichis y a cada una de ellas les juraba que era la única y
que la iba a sacar de ese ambiente dañino, para ponerla de mujer
de asiento, comprar un terrenito para construir una casita, tener muchos
tragaporotos y así contribuir con el censo y estar juntitos hasta
que la muerte los separara. Pero qué va papá, todo era cuento.
Lo que pasa es que estas guiales también tienen su corazoncito
y pese a la vida miserable que llevan, ellas tienen la esperanza de que
Papadios le mande un príncipe azul que las lleve a un futuro mejor,
por lo que con mucha esperanza dejaron que el interiorano les calentara
el oído sin saber que lo que el man quería era gozarlas a
las dos sin tener compromiso con ninguna.
¡Ombe papá!, como las mentiras tienen las piernas cortas,
un buen día Mariana gritó en medio del bar que pronto ella
cambiaría de vida porque había un man que estaba bien interesado
en ella y que le había propuesto matrimonio, en menos de lo que se
persigna un ñato. La noticia no tardó en llegar a los oídos
de Carmela, quien de inmediato inició las pesquisas para saber quién
era el man que sacaría a su rival de la lama primero que ella.
¡Ay papá!, la que se armó cuando la guial se enteró
que el man que estaba haciendo dizque planes serio con ella, también
había tumbado a su rival Mariana.
Más rápido que ligero Carmela se desmandó para
el bebedero, donde ¡oh sorpresa!... encontró a su querido interiorano
en brazos de su rival y la que se armó allí fue peor que la
guerra del Golfo. Las pelás se enfrascaron y de tanto puñete
y arañazos que se dieron quedaron en paños menores exhibiendo
sus cuerpazos ante los gritos y vítores de los borrachos y parroquianos
que gozaron de lo lindo con el show boxístico que dieron ambas peleándose
al carnicero. Al final el man se fue a otra cantina a buscar a una dominicana
menos problemática, pero igual de fogosa que las locales.

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| Las guiales que son producto nacional hacen la delicia de propios y
extraños que acostumbran a frecuentar el bebedero, pero como tienen
caritas lindas y grandes cuerpazos, entre ellas son muy celosas al punto
que se han dejado de hablar. Sin embargo, ambas coinciden en que el amor
no debe mezclarse con los negocios, todo esto hasta que apareció
en la vida de ambas el pelao Máximo. |
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