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Todo el revulú que se dio en la ciudad durante las últimas semanas tiene su origen en la manera obtusa como algunos funcionarios ejercen su cargo. Conociendo lo sensible del tema, aún cuando se tengan todos los argumento a favor, ¿a quién se le ocurre subir la tarifa de la noche a la mañana, sin analizar la situación con los principales afectados, es decir, los usuarios?
Algún comunicador radial lo explicó muy bien: se obligó al pueblo a pagar por un arroz con pollo, pero se le sirvió arroz blanco, con la promesa de que en el camino se le iban a añadir ingredientes, ¡y al final el pollo!
Mientras tanto, todo el mundo fajándose con el concolón blanco.
Ahora las cosas cambiaron. Se llegó por fin a la decisión que debió tomarse desde un principio: posponer el alza del pasaje hasta que el servicio de buses sea mejorado. ¿Por qué esperar a que la ciudad fuera un caos, que se destruyera la propiedad privada, que se encarcelara gente, y se sometiera al país a sus peores momentos desde la invasión?
Hay dos posibles respuestas: uno, que los gobernantes son incapaces, o, dos, tienen la mala intención de hacernos naufragar como sociedad libre. |