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De pequeño, siempre nos gustaba ver el horizonte desde el viejo apartamento donde vivía en Avenida B. El mar azul y sin fin se dibujaba entre los edificios multifamiliares en Avenida Balboa. La Bahía de Panamá todavía era bella, en aquellos años setenta. La gente se paseaba por el malecón y no habían olores fétidos que emanaban de la lama.
Los adultos de mayor edad nos recordaban lo hermoso que era la Bahía de Panamá, cuando sus playas eras cristalinas y la contaminación ni siquiera había llegado. Un familiar nos decía que antes se bañaba en esa playa, que antes estuvo por los lados de Punta Paitilla y Marbella. Hoy, la realidad es otra.
Fue una tragedia observar cómo una empresa contaminara con colorantes al río Matasnillo y teñía de rojo sangre a la otrora bahía hermosa de Panamá. Jocosamente, nuestro diario tituló que el dulce colorante y las excretas humanas lanzadas por cinco décadas a la rada, se habían mezclado en el mar, cual locura impensable. La verdad es que vemos una tragedia que afecta a todos.
Todavía recuerdo que durante el gobierno militar corrió la idea de sanear la bahía y un plan japonés propuso que tal proyecto costaría 300 millones de balboas. Eso fue en los años ochenta. Ahora, el tercer plan maestro del saneamiento de la bahía indica que nos costaría casi mil millones de balboas controlar la contaminación de la rada, tratando el agua de los ríos y quebradas que bajan a la rada, mientras que otros tantos millones de dólares se utilizarían para relavar las playas y parte profunda de la zona costera de nuestra ciudad.
El crimen ecológico de manchar la bahía con colorantes no sólo es una parte del desastre natural que contemplamos en Panamá. Durante el pasado verano observamos la quema indiscriminada de bosques y terrenos silvestres, sólo para extender los campos de ganado, mejor conocidos como potreros. En otro lado, también es una canallada hacer una carretera por la parte central del Parque Ecológico de Boquete - Cerro Punta, dizque para hacer cabañas turísticas. Igual, el caso de los cientos de taladores interioranos que acaban con la selva darienita es otro punto sensitivo que demuestra la intolerancia a la naturaleza y a la fauna y flora nacionales.
TODAVÍA HAY FUTURO
Un amigo me dijo que todavía podemos hacer algo, pero debe ser ahora, antes que no quede nada que salvar. Mañana mismo, la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) efectuará junto a la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC) un foro sobre el saneamiento de la Bahía de Panamá, siendo quizás la última oportunidad que tendrá nuestra sociedad para hacer algo factible que frene el desastre ecológico que ocurre frente a nuestras narices.
Aunque el Gobierno Nacional ha indicado que está por desarrollar el tratamiento de las aguas servidas de los ríos y quebradas que bajan a la rada, esto no es todavía una realidad, hasta tanto verla concretada.
Es allí donde nosotros, el pueblo panameño, debe hacer algo para proteger el entorno ambiental y la naturaleza. Cada individuo debe poner de su parte por salvar los árboles, las criaturas silvestres y los lugares hermosos que nos regaló Dios en el istmo, pues nadie tiene estos panoramas que poseemos.
Esperemos que la sociedad panameña comprenda el riesgo que significaría perder la bahía y los demás sitios naturales, pues los perjudicados seremos nosotros mismos. |