La sociedad la integran los grandes bolsones del género humano que por vivir amalgamados confrontan necesidades peculiares, muy privativas, que requieren el consenso de todos en lo concerniente a la solución de éstas dificultades. Se solicita el trabajo para el hombre, la instrucción para el niño, la comprensión social para la mujer, la libertad, la igualdad y fraternidad, el pan para todos, la idea para todos, el mundo convertido en paraíso, en suma el progreso imperecedero.
Estas son las obligaciones que impuestas por la sociedad en lógico consentimiento de sus deberes, en derechos unidos, tenemos que cumplir, justamente al pie de la letra. De ellos el factor trabajo es uno de los más sobresalientes y del cual he de hacer referencia en este artículo.
En nuestro país se le ha dedicado un día para rendirle toda la pleitesía que él se merece, por ser ante todo responsable de llevar el pan nuestro de cada día a todos los hogares panameños. Pensando a profundidad la comodidad es uno de los elementos fundamentales que abren en medidas notables toda posibilidad para que las labores de diversas índoles motiven su existencia en todos los ámbitos de importancia.
Las aptitudes que trae el individuo al nacer serán la clave capital, escogiendo posteriormente, las tendencias naturales en la selección de profesiones u ocupaciones predilectas. Esas diversas profesiones que se reciben y se aprenden en la institución del saber, vienen a suplir los incontables apremios que el mercado exige, ya sean científicas, culturales o manuales, fundamentando e involucrando las faenas ya exactas o bien convencionales de los quehaceres diarios. Pero es cabal reconocer que todos somos importantes en la ejecución de los diversos roles que beneficiarán la sociedad en general.
Es bueno el galeno que nos cura, el albañil que coloca el bloque, el herrero que suelda el metal, el que recoge los desechos, como el agricultor que hace producir la tierra, el maestro que enseña, como el conductor de bus que nos lleva al trabajo. Amén de los demás.