El hombre nació libre y libre deambuló durante muchos milenios de su vida merodeando constantemente en obediencia de sus necesidades, especialmente las alimentarias. Su compromiso estacionario es una mancuerna con la ocupación, la agricultura, aunado en consecuencias al afloramiento de los conglomerados sociales con las consiguientes divisiones internas de índole funcionales, también las legales con las legítimas limitaciones conductuales.
Este aglutinamiento humano es en la actualidad el dolor de cabeza para los gobiernos y los miembros que la conforman en su desenvolvimiento interior, pues a medida que los días pasan, hemos ido demasiado lejos en las ambiciones personales que claman más y más derechos, equivocando en gran medida sus deberes.
Los peldaños de la larga escalera social obviamente no pueden dar pie a la igualdad, unos estarán en la parte baja, otros en las medianías y los demás posesorios de las alturas. En los bajos peldaños no hay cohesión entre los vecinos, los malos hábitos se enseñorean quedando la urbanidad tirada por el suelo, como una simple maleza.
El estudio es abandonado con extrema facilidad y el escándalo abre puertas por todas partes. Las medianías en estos casos es encantadora, aquí encontramos el magnífico comportamiento, los buenos hábitos higiénicos y de conducta, como resultado de la educación: refinada, envidiable y equilibrada.
El vecino es respetado y considerado, comprenden que el derecho propio termina adonde comienza el ajeno, evitando las terribles trifulcas que todos sabemos cómo terminan. Es la clase intelectual por excelencia. La alta todo lo hace bien y todo lo tiene organizado, eso es lo que demuestra, siendo el tiempo para ellos el verdadero tesoro inseparable.