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Gastar recursos en la excavación de más de cien pozos en la provincia de Los Santos sin encontrar agua, demuestra la falta de una política de desarrollo agropecuario científica y comprueba los niveles de improvisación sobre los cuales navegan las instituciones del sector público, responsables de facilitar nuestra producción agrícola y pecuaria.
No en vano, los productores nacionales están observando con rezago el futuro de un sector que ha sido seriamente golpeado por la embestida de la globalización y el abandono de los gobiernos que se han sucedido en el país.
Los efectos negativos, que en un principio se consideraron pasajeros, son ahora progresivos y apuntan a una crisis. Otro enemigo feroz del agro panameño viene siendo la política, cuyos personeros recurren a soluciones cosméticas para salir de los problemas y acomodarlo a sus intereses.
¿Qué se ha estado haciendo en el campo para preparar a los productores frente a la inestabilidad climática que afecta a Panamá desde hace varios años? Hasta donde se sabe lo único ha sido advertir sobre posibles sequías y decirles a los agricultores y ganaderos que deben almacenar agua.
Un ejemplo de nuestro subdesarrollo es el hecho que durante la estación lluviosa los ríos de las dos principales vertientes envían al mar millones de galones de agua, caudal que almacenado serviría para el riego de vastas extensiones y proveer a la población del interior aquejada por la escasez del vital líquido. |