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TEMAS DE ACTUALIDAD
Ciclo vital de la esperanza política

Dr. César Quintero Sánchez
Hoy quiero con gran regocijo anunciarles a todos mis compatriotas y al mundo en general, que luego de 28 años de vida profesional y de virtuales investigaciones realizadas en los bohíos, las casas de cartón, los multifamiliares, las paradas de los buses, los cuartos de urgencia, los zaguanes, las escuelas públicas y el mercado de San Felipe, he definido por fin el ciclo vital de la esperanza política. Si bien no se trata de la cadena biológica del virus hanta, ya que esto lo descubrieron en el CDC de Atlanta, por lo menos este hallazgo nos permitirá darle seguimiento al fenómeno social que sube y baja candidatos a todos los puestos de elección, en las naciones democráticas del orbe. No sé si se trata de una coincidencia, pero los conceptos básicos del dichoso ciclo, son cuatro términos que empiezan con P. En su orden cronológico tenemos las palabras: Problemas, Propuestas, Promesas y Protestas. No hay duda que la esperanza tiene su origen indiscutible en la cantidad creciente de necesidades y demandas que los diversos estamentos de la sociedad civil padecen y perciben como una realidad cotidiana. Es decir, problemas; que definimos como la distancia entre la situación actual y la que pretendemos alcanzar. En relación a estas situaciones deficitarias en áreas como alimentos, combustibles, electricidad, agua, salud, comunicaciones, educación, trabajo, vivienda, vestimenta y recreación que cada día se alejan más del ciudadano común, se desarrollan una gran cantidad de alternativas de solución que dependerán al final de cuentas del conocimiento, la creatividad, la honestidad y la competencia de quienes las formulan. Estas propuestas son las que sirven de base para el proceso de trueque tácito entre los diferentes candidatos y la masa electoral, en quien reside el verdadero poder en un estado de derecho y quienes cambian votos por promesas, espejismos o sueños de redención social. Es necesario anotar en esta etapa que algunos dirigentes políticos una vez electos, asumen y declaran que el pueblo los ha elegido para gobernar, entendiendo esta delegación de poder de manera ilimitada e irrestricta, cuando en realidad lo que ha hecho la Nación, es escoger a un candidato para que realice, junto a su equipo de gobierno, todo lo que prometió y no por su irresistible personalidad magnética, capacidades superiores o por poseer el patrimonio de la verdad. La última que cierra el círculo es la de las Protestas. Que sin duda expresan la desilusión y decepción de los votantes, quienes observan con asombro como con periodicidad cíclica quinquenal, sus problemas son con frecuencia utilizados de manera electorera, tan sólo con la finalidad pragmática de cambiar los ocupantes de las sillas, sin que realmente se produzca una transformación real en las Políticas y Planes que tiene que hacer con el crecimiento económico y el desarrollo social del país. A 6 meses de haberse realizado un cambio de gobierno en esta República y faltando 54 meses para que constitucionalmente asuma un nuevo presidente, lo que acontece en la sociedad política panameña deja mucho que desear. Los del gobierno ya han empezado a indisponerse a lo interno, tratando de demeritar y sepultar a posibles candidatos presidenciales y como es habitual, no aceptan críticas sobre cualquiera estrategia que pretendan implementar, con la repetida excusa de que es porque no se quiere que se reelijan, cuando lo que todos ansiamos es que tengan el más rotundo de los éxitos, para poder vivir mejor. Los de la oposición fundamentalista pretenden que los que apoyaron a Martín hagan todo lo posible por hacer ingobernable este quinquenio, mientras que los ortodoxos que todavía están pegados a la ubre pública, discuten como urgencia notoria temas tan distantes e irrelevantes para los del arrabal, como lo es el abanderamiento de las naves a nivel internacional. Finalmente por el lado del centro, por aquello de que así es más fácil cambiar de acera, todo el esfuerzo humano y económico se realiza en la intención de estructurar un nuevo partido, que por lo menos se base en los problemas, propuestas y promesas que el pueblo ansía escuchar. El que luego se pueda ejecutar y cumplir el Plan de Gobierno, es harina de otro costal. Total que como ya sabemos, las protestas y las quejas esperadas y habituales de los que ni siquiera entienden, cómo tienen que sacrificarse las mujeres y los hombres públicos por este país, tan solo servirán para cerrar otro ciclo vital de la esperanza política del panameño.
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