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Mundo cooperativo

Por: Jorge E. Ruiz | Cooperativista

Es conmovedor observar con cuánta devoción nuestro pueblo, cristiano en su mayoría, celebra la Semana Santa.

A partir del Domingo de Ramos, cuando se recuerda la entrada de Jesús a Jerusalén y la gran multitud que lo vitoreaba con voces de "bendito el que viene", hasta el Domingo de Resurrección, cuando Cristo triunfa sobre la muerte y nos abre la puerta del cielo, los días en nuestro país transcurren en un aparente recogimiento.

Aparente recogimiento decimos, porque muchos no dejamos de pecar. Una gran mayoría sólo espera este día, hoy sábado, para dar rienda suelta al jolgorio. No acabamos de orar en las iglesias, como lo hacían hace más de dos mil años ante su tumba, para dirigirnos hacia los bailes, a la fiesta pagana.

Hoy, sábado, debe ser un día de oración, de reflexión y silencio. Es la preparación para la celebración de la vigilia pascual.

Como cristianos, la religión con más adeptos en el mundo, reconocemos un solo Dios, el cual, nos ha dado a conocer su Ley a través de los Diez Mandamientos.

Por eso no debemos olvidar nunca el primero y amemos a Dios sobre todas las cosas, así como El nos ama.

Tratemos de no confinar a nuestros padres a un asilo o casa para ancianos, si podemos tenerlos con nosotros. Practiquemos el cuarto mandamiento que nos obliga a "honrar a padre y madre".

Nuestras desavenencias con el prójimo no las llevemos a las últimas consecuencias. Debemos recordar el quinto mandamiento que nos dice, "no matarás".

Actualmente y en todas las esferas se hace evidente el desconocimiento del séptimo mandamiento y lo que es peor, no tanto por el desconocimiento si no por todo lo contrario, pero que al ordenarnos "no robar", ni siquiera lo recordamos.

Por amor a Dios, como cristianos no debemos claudicar ante la tentación y cuidemos los bienes del Estado, que el Estado somos todos.

Tengamos muy presente que Dios nos brinda, a través de la naturaleza, todos los medios para vivir, por tanto el gobierno y empresas particulares deben practicar el décimo mandamiento que indica "no codiciar bienes ajenos".

Que el próximo año, si Dios lo ha querido así, celebremos otra Semana Santa, lo hagamos también celebrando la liberación de nuestros pecados, tal como Jesús de liberó de la muerte para salvarnos.

Dijo una vez el Santo Padre, Juan Pablo II, en su homilía de un Domingo de Pascua, "Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte. Nuestra celebración comienza con un "Hosanna" y concluye con un "Crucificadle". La palma del triunfo y la cruz de la Pasión, no es un contrasentido, es más bien el centro del misterio que queremos proclamar".



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