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Los comandantes aliados afganos enviaron refuerzos para respaldar a la coalición encabezada por Estados Unidos que combate contra los milicianos de Al Qaeda y el Talibán. Los afganos pro norteamericanos que regresaron del frente dijeron que continúan los combates pero con menor intensidad que en los últimos días.
Mientras las fuerzas aliadas cañoneaban y bombardeaban sin cesar los reductos montañosos de Al-Qaeda, secciones de zapadores despejaron minas terrestres para permitir el paso de los soldados aliados hacia Shah-e-Kot, donde centenares de milicianos y sus familias están al parecer atrincherados, dijo el combatiente afgano Nawab, que se encontraba en el frente.
Centenares de soldados afganos, respaldados por Estados Unidos, rodearon la zona oriental montañosa de Paktia y su laberinto de cuevas para bloquear las rutas de escape de los renegados. En la jornada más cruenta en cinco meses de ofensiva, los combatientes de Al Qaeda y el Talibán dispararon con ametralladoras pesadas y granadas propulsadas por cohetes contra helicópteros norteamericanos, matando a siete soldados estadounidenses.
Los helicópteros participaron en la mayor ofensiva terrestre y aérea encabezada hasta ahora por Estados Unidos en la guerra de Afganistán. La ofensiva, apodada Operación Anaconda, fue la primera de esta guerra en que son utilizadas tropas convencionales norteamericanas de infantería.
El general del ejército Tommy Franks, comandante del Mando Central norteamericano, estimó que de 100 a 200 combatientes enemigos murieron en la ofensiva y que un número menor fue capturado. Agregó que entre ellos había combatientes de Al Qaeda, el Talibán y milicianos chechenes y uzbecos. Un comandante afgano dijo en Gardez que el número de detenidos fue 60, todos ellos chechenes. |