A ORILLAS DEL RIO LA VILLA
La violencia

Santos Herrera

Siendo muy niño, frecuentemente andaba detrás de mi madre, siempre ocupada en sus quehaceres domésticos-, preguntándole sobre cosas que habían sucedido en el pueblo y también para que me contara historias. Ella, con mucho amor, sacaba el tiempo y colocándome en sus piernas, me relataba cosas pasadas. Recuerdo muy bien que de las tantas cosas relatadas, solamente una fue de un hecho violento, el primero que se había dado en la historia del pueblo. Me dijo con voz de tristeza que cierto día un mozuelo que trabajaba con su padre, acosado a diario por las impertinencias y mofas de un hombre robusto, diestro en amansar potros y bueyes, sacó una pequeña cuchilla y de una sola herida mató a quien siempre se estaba burlando de él.

Años después, encontrándome en la tienda del chino José Fong, ubicada frente al parque, haciendo un mandado, escuché por primera vez el sonido de un disparo de revólver y fue un jueves santo cuando un policía, persiguiendo a un ciudadano lo hirió de muerte. Ya entrado en la adolescencia, se regó por todo el pueblo que es un juego clandestino de dados (pinta), habían matado de una certera puñalada a un jugador por una parada.

Estos eran los tres casos sangrientos que se habían dado en el pueblo en lo que va del siglo, contrastando esto con la violencia que se ha desatado en los últimos meses por estos lares. Antes de referirme a los dos últimos hechos sangrientos que conmovieron a la opinión pública, debo recordar el muerto que apareció en una alcantarilla con un tiro en la nuca y la joven arrastrada por las calles, dejado su cadáver, casi destrozado, en el estadio del pueblo y que hasta el sol de hoy, esas violentas muertes han quedado en el más misterioso silencio.

Realmente preocupa lo acontecido en las últimas semanas donde se ha impuesto la ley del revólver. En el primero de los casos, estuvieron involucradas dos conocidas damas donde una disparó a quemarropa, causándole la muerte y disparándose ella un tiro cerca de su corazón. Más lamentable aún es el acto violento de un estudiante graduado, que inexplicablemente logra sacar del salón de clases a una estudiante de primer año, para poco después asesinarla con un disparo en la cabeza y luego suicidarse. ¿Qué está pasando en nuestro hasta ayer bucólico pueblo, que estaba apartado de los focos de violencia y no contaba con acceso a armas de fuego?

Consideramos que muchas son las causas que hacen aflorar la violencia, desintegración familiar, injusticia, drogadicción, delincuencia, la pérdida de los valores elementales, etc., sin embargo, consideramos como fundamental las arcaicas estructuras económicas que hacen cada vez más grande la brecha entre los ricos y los pobres. Salvaremos a nuestra sociedad, si nos despojamos de egoísmos y practicamos una verdadera justicia social. Logrando ésto, volveremos a las costumbres de elevada cultura, la decencia, la sana convivencia, la honestidad y con renovados valores morales y sociales.

En otro país haría sonrojar de vergüenza a quienes manejaron, tal institución, pero aquí el asunto pasa casi inadvertido. Eso es corrupción, si no me equivoco.

"Vivimos de limosnas", me gritó un amigo, criticando que para quemar la cocaína, se haya tenido que recibir una donación de un incinerador de Alemania. Con los millones decomisados de los narcos se puede comprar esa máquina para destruír la droga, ¿no creen?

Tremenda ironía y burla del Niño Martín, es llamar a la nómina "Nueva Nación", cuando todos sabemos que se puro continuismo.

 

 

 

 

 

 




 

AYER GRAFICO
José Octavio Huerta, presidente del poder popular, leyendo el diario meridiano "Las Doce"


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Creo ser ciudadano, pero no ayudo a la educación


OPINIONES

 

PRIMERA PLANA | PORTADA | NACIONALES | OPINION | PROVINCIAS | DEPORTES | LATINOAMERICA | COMUNIDAD | REPORTAJES | VARIEDADES | CRONICA ROJA | EDICIONES ANTERIORES


 

 Copyright 1995-1999, Derechos Reservados EPASA, Editora Panamá América, S.A.