Has empuñado el arma y después de cuatro impactos de bala un cuerpo yace sin vida en la calle. Una llamada telefónica y llora la madre al enterarse del suceso. Esta mujer, aturdida, grita y le comunica a la esposa que desconsolada corre a la escuela a sacar a los tres niños y mientras se han amontonado muchos curiosos en la calle. La policía acordona el lugar y los técnicos inspeccionan el cadáver buscando indicios. Tú te vas contento de haber cumplido un trabajo por el que te pagarán cinco mil lempiras.
Un crimen más y un dolor agudo corre por el alma de los familiares que han llegado a la escena del crimen. No pueden pasar y se quedan contemplando a la muerte, que como un meteorito llegó de repente. Ya no hay papá, esposo ni hijo. Todo en cuestión de segundos. A todo eso ya te has montado en el vehículo de tu compinche y corres a cobrar tu sueldo. Estás rodeado de oscuridad porque apagaste la luz de la vida en un ser humano. Una mano siniestra les paga y cada uno coge por camino diferente esperando el próximo "encargo". Y tú crees que todo quedará bajo el negro manto de la impunidad y tu conciencia quedó manchada de sangre.
La vida de esa familia cambió para siempre. Hay huérfanos y llegó de visita el hambre pero decidió quedarse en la casa. Los niños más pequeños no entienden y preguntan cuando volverá papá y la madre comienza su proceso de soledad y depresión. Hay vacío en el hogar y tu te llenas de cerveza el vientre con tus amigotes mientras la madre del difunto entre lágrimas se consuela viendo las fotos de su hijo cuando niño. ¿Quién calma el dolor de esta mujer o el de la esposa sacudida por la muerte, tan de repente, tan brusca, tan burda por asesinato?. ¿Sabes lo que te estoy diciendo, lo que has pensado?
Te pido, te suplico por la humanidad amenazada, y te ordeno en nombre del Señor, renuncia ya a esto. Suelta el arma, reconcíliate con Dios y con el pueblo y deja de ser "un enemigo público número uno" de la gente. Recuerda que el que a "hierro mata, a hierro muere". Es aberrante tu acción y ese dinero que ganas es "plata maldita". Limpia tus manos de la sangre de otros y arrodíllate ante Dios y suplica con llanto y dolor que te perdone. El es eternamente misericordioso y con El podemos vencer cualquier atadura de las tinieblas, porque con el Señor somos invencibles.