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En estos tiempos de crisis, los empleados del sector público y de la empresa privada preparan su comida temprano en casa para tener algo de comer a la hora del almuerzo.
Esta es una labor que cansa, porque además de pararse en la madrugada para preparar sus alimentos, luego hay que viajar con las incomodidades del transporte con la portavianda entre los brazos, corriendo el riesgo de que la misma se riegue o se pierda, en los pasillos del bus. El sacrificio vale la pena dirán algunos, porque de lo contrario se tendría que saltar la popular garrocha con las consecuencias que ello provoca: el estómago rugiendo y los jugos gástricos con ganas de perforarte las tripas, además que se le puede desatar una gastritis o el mal aliento.
Sin embargo, en muchas oficinas hay personas que se la dan de vivas y se aprovechan cualquier descuido del dueño de la comida, cual zorro cazando presa, para apropiarse del guiso ajeno, tratando al afectado de tonto.
Usted no puede dejar un arroz con poroto y carne en la refrigeradora, en el puesto o en la cafetería de la empresa, porque cuando viene por lo suyo, otro carilimpio ya se llenó el estómago a costa suya. Si quiere comer rica y sabrosa comida: cómprela o páguela, porque es injusto que otros se sacrifiquen para matarle el hambre a usted, sobre todo si la persona afectada no es su amiga o pariente. Ese tipo de actitudes es abuso de marca mayor y deja mucho de desear de nosotros como personas. |