Anúnciese en Crítica en Línea


  OPINION

TEMAS DE ACTUALIDAD

Los carnavales de Chitré

linea
Carlos Augusto Herrera

Tengo que sumarme a la inmensa mayoría de los chitreanos que protestan por la novedad de la mudanza de lugar de la mojadera en los próximos carnavales. Sabemos que el cambio de lugar traerá graves consecuencias. Chitré, en el reparto de estas fiestas, se ha quedado con esta pequeña parte, lo que se ha vuelto una tradición. Son cuatro días en los que se rinde culto a la alegría y el compañerismo y a la "parranda con mojadera", actividad que por su naturaleza llama la atención y contagia a los extraños; una costumbre ganada por años de práctica. Lo que realmente se debe considerar es extender el relajo hasta las seis o siete de la noche para que todos los que parrandean en lugares aledaños, se concentren en el Parque Unión. Esto es turismo interno, tradición, costumbrismo.

Los carnavales en Chitré no sólo inspiran la diversión, también representan una inyección económica a toda la región. Es turismo interno con beneficios de toda clase. En este orden de ideas, estas fiestas para todos no funciona como un jolgorio. Tras bastidores operan un ejército de hombres y mujeres que necesitan ese trabajo de atender al público aunque resulte una faena pasajera. Meses antes de la fiesta, artistas, orfebres y otros artesanos, trabajan en los preparativos. El pueblo entero se contagia del entusiasmo. Todo este asunto es ajeno a los que se extrapolan en el desorden y a quienes criticaremos siempre por los excesos. El resto se ocupa en atender para que nadie resulte forastero.

Tenemos que hacer un poco de historia para coincidir en que estas fiestas vienen evolucionando. De aquellos carnavales en donde se irrigaban perfumes y serpentinas sólo queda el recuerdo en la mente de los sobrevivientes a la mitad del siglo. Claro que fueron tiempos de amores elegantes, ocasiones en las que prevaleció la conversación en versos y declaraciones con promesas de matrimonio, personales y por escrito en estrofas. Ahora, por supuesto, la realidad es otra. Tal vez queden algunos testigos vivos de aquellos días en donde el tiempo no tenía apuros. El único acelerado resultó siempre Bertrán con sus saltimbanquis.

Recuerdo esos cuatro días de mojadera, cuando en grupos se recorría las principales calles, montados en carros con tinas de agua. La gente circulaba igualmente a pie con latas. El relajo era cuerpo a cuerpo. Otra muestra de amistad resultaba la visita domiciliaria para bañar a los anfitriones con agua. No era permitido mojar a personas del mismo sexo. Las mujeres engalanaban los festejos luciendo ropa atrevida y además, empapada. Entonces era imposible que un hombre bañara a otro. Una costumbre que está desapareciendo es la del martes de carnaval medio día abajo, cuando se rompían las camisas y también se formaban las peleas. Lo cierto es que aquel dragón acuífero que circulaba entre risas, empujones y mofas por las mojigangas, hace muchos años por las calles de Chitré, poco a poco se detuvo en el Parque Unión. Desde entonces, allí resopla el informe animal artificial a través de las mangueras instaladas en los carros cisternas durante los cuatro días. Este es un atractivo único, original e irremplazable.

 

volver arriba 

 


linea

NUESTROS ANUNCIANTES


| Primera Plana | Portada | Nacionales | Opinión | Económicas | Mundo |
| Deportes | Provincias | Variedades | Sucesos | Sociales | Ediciones Anteriores |
| Buscador de Noticias | Clasificados Epasa |



bandera de Panama
Ciudad de Panamá
Copyright © 1995-2001 Crítica en Línea-EPASA
Todos los Derechos Reservados