La denominación de acuáticos sugiere la presencia y abundancia de agua y en efecto lo es, todo lo autóctono de este Carnaval está relacionado con el apreciado líquido natural. Estas carnestolendas se caracterizan 'por la presencia de masas humanas húmedas por las mojaderas, acción tradicional de un pueblo bordeado por el río Zaratí.
Este río, en consecuencia, es el protagonista principal de esta euforia indefinible. Sus aguas antiquísimas nacen en las montañas que en un tiempo fueron habitadas por una doctrina india y hoy son pobladas por esforzados campesinos y labriegos. En su recorrido ambulante y calmoso de 30 Kilómetros cortando y arrasando rocas, alimentándose de aguas de fuentes menores, como ojos de agua y quebradas; llega el río en un dilatado remanso ancho y profundo de aguas cristalinas denominado LAS MENDOZAS. Este balneario debe ser orgullo de los penonomeños, quienes deben cuidarlo, porque es el lugar donde se desarrolla el principal evento del Carnaval acuático y el desfile de las balsas.
Lo original y atrayente del festival acuático de Penonomé lo constituye el paseo de las balsas en Las Mendozas, el Sábado de Carnaval. El Zaratí era la vía indígena por donde transportaban madera, granos, lana, caucho, aves de corral, pieles y otros enseres afines. A manera de puerto, los balseros depositaban la mercancía en un pequeño llano, cerca del río en un lugar llamado EL BAJITO. Hasta allí acudían los comerciantes en búsqueda de la apreciada mercancía, especialmente la fina y pesada madera, la cual servía para la construcción de casas.
Otra característica del Carnaval penonomeño es la participación masiva del pueblo. Cada barrio o comparsa elige a una bella exponente del sexo femenino para presidir la fiesta en los diferentes días. Desde el reinicio en 1970 del Carnaval acuático, Las Damas Unidas Penonomeñas, Los Cascabeleros, Los Macabros, los Alegres del Zaratí y otras agrupaciones participan de la fiesta, en comparsas que tienen sus respectivas princesas.
Datos históricos de los siglos XVII, XVIII, XIX dan informes de la alegría natural que se vivía en esas comunidades de indios, las cuales se conocían como Sitio Alegre. La costumbre de celebrar los Carnavales se retoma en 1970 cuando el inolvidable grupo conocido como el Club 30-60 se encargó de la organización por 10 años continuos, haciendo honor al conocido como "Pa Carnavales Buenos los Penonomeños".