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Si la patria nueva me permite seguir residiendo en una mansión en las faldas del Ancón y continuar viviendo sin trabajar, ¡cómo no voy a querer la patria nueva!. Si me permite entregar concesiones de servicios públicos a mis amiganchos y parientes y seguir matraqueando a los legisladores para que aprueben contratos con la Nación, ¡cómo no voy a querer la patria nueva! Si le permite a un ex administrador de restaurantes de comida rápida, sin experiencia política y sin conocimiento útil alguno, llegar a la Presidencia de la República, ¡cómo no voy a querer la patria nueva!
Si le permite a un individuo de poca sustancia acceder al más alto cargo público del Estado, a punta del toro-pronter y los papelitos escritos por los cerebros del mal que rodearon a mi padre, ¡cómo no voy a querer la patria nueva!
Si la patria nueva me permite reciclar a elementos de la peor calaña y colocarlos en las más altas posiciones del engranaje gubernamental, donde instalarán sus cajas registradoras y me entregarán una comisión por cada transacción exitosa que logren efectuar, ¡que viva la patria nueva! La patria nueva es el recuerdo ... de los tiempos del sátrapa dadivoso ... envueltos en billetes de 50 y 100 ... que el tirano repartía a su antojo: uno para ti y tres para mí.
¡Ah, que vuelvan aquellos tiempos de dicha y prosperidad! Eso es lo que buscamos con la patria nueva. |