Con el paso de los días, se acumulan las señales de que la crisis económica mundial aún se está profundizando.
El Fondo Monetario Internacional bajó su pronóstico de crecimiento mundial para el 2009, que dejó en el 0,5 por ciento, el menor desde la Segunda Guerra Mundial. Para América Latina, el crecimiento solo será del 1.1 por ciento.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha anunciado tiempos realmente oscuros para los trabajadores del mundo, empeorando incluso sus proyecciones iniciales sobre el efecto de la crisis en el empleo.
Hasta 50 millones de personas podrían perder sus trabajos en el 2009 (y 17 millones de despidos podrían venir de América Latina), para elevar a 230 millones el total de personas desocupadas en el globo.
Ya se ha confirmado que Estados Unidos sufre la mayor contracción de su economía desde 1982, y el Presidente Barack Obama ha descrito la situación como "un desastre".
En Panamá el sector hotelero -que hasta hace pocos meses gozaba de un auge y prosperidad sin precedentes- ya está desacelerándose, y están comenzando a despedir empleados. El mercado inmobiliario también se las está viendo difíciles.
Algunos países están actuando rápido para amortiguar lo que viene. El gobierno de Costa Rica acaba de anunciar una reducción en su jornada laboral, de 8 a 6 horas diarias, para frenar lo más posible la ola de desempleo que está arrasando la región.
Medidas como esta implican un pacto entre gobierno, empresa privada y trabajadores al más alto nivel, que lamentablemente aquí es difícil de ver; menos aún en tiempos de campaña política como el que vivimos.