Desesperados están los miles de haitianos porque no tienen agua, comida y gasolina.
La ayuda internacional no les está llegando y las pocas bodegas que tienen provisiones las venden cinco veces más caro de su valor real, lo que hace imposible que puedan adquirirlos.
Un recorrido por las calles haitianas deja ver el estado crítico en que se encuentra la ciudad. Pareciera que le hubiera caído una bomba atómica.
Personas durmiendo en las calles en improvisadas carpas, cocinando lo que encuentran para comer y bañándose en parques es la estampa característica en la zona de desastre.
La gasolina empieza a escasear; eso lo demuestran las largas filas en las expendedoras de combustibles. En medio de todo ese caos los panameños todos los días salen a cumplir con su trabajo.
Esta vez fueron a la Facultad de Lingüística Aplicada de Haití, ubicada en la Calle Dufor, en la zona Boisverna, a petición de la ministra Pierre Verne Carol, quien se enteró que los panameños tenían perros de rescate.
Antes de salir para esa misión, el campamento donde se encuentran todos los rescatistas, incluyendo los panameños, fue sacudido por un fuerte sismo a las 3:40 a.m. de ayer, domingo, que hizo que todos saltaran de sus placenteras camas de piso.
Con la ayuda de los rescatistas dominicanos, franceses y panameños se buscaron señales de vida en la universidad colapsada, pero todo fue en vano. Ni siquiera los perros del SINAPROC detectaron rastros de vida bajo los escombros.
Lo único que encontraron los rescatistas fueron 22 muertos, por lo que abandonaron la búsqueda.
RESCATES: AYUDA PANAMEÑA - MUERTES
Los panameños ayudan en los rescates de las personas con vida, aunque a su paso sólo encuentran muertos.