Si los pronósticos del Gobierno se cumplen, pronto habrá desaparecido, de las calles de la ciudad de Panamá, el sistema de transporte colectivo más inhumano que hemos conocido los usuarios en los últimos cincuenta años de vida republicana, los "diablos rojos".
Aunque abundar sobre el tema, "parece llover sobre mojado", todavía el abuso sigue siendo práctica diaria en los conductores de estas máquinas de muerte, como ocurrió con el autobús de la ruta 24 de Diciembre- Transístmica, que se estrelló con un árbol y dejó un grupo considerable de heridos.
Claro que para que un conductor maneje un autobús, tiene que haber recibido las llaves y el consentimiento del propietario.
¿Quién les paga a estos humildes ciudadanos los daños ocasionados a su anatomía? Ha sido práctica de los dueños de autobuses, abonar un año de seguro colectivo y después dejar de seguir pagando la póliza, con el conocimiento de las autoridades de Tránsito que no se toman el trabajo de darle seguimiento.
Estas experiencias deben servir para que en el nuevo proyecto de transporte sean tomadas en cuenta todas estas situaciones, porque no se puede volver a repetir.
¿Será el Metrobús una empresa estatal, privada o mixta? Esto es importante, de manera que de aquí en adelante los afectados sepan a quién dirigirse y con quién litigar en caso de accidentes.
Por lo voluminoso del mercado, esta iniciativa va a requerir de un sistema de divulgación masivo, de manera que la población conozca lo que se le va a ofrecer.
Pero sobre todo, hay que acabar con la corrupción, el amiguismo, la politiquería, el tráfico de influencias y otros vicios que han llevado a un servicio de primer orden al abismo en el que está hoy.
Cuando la última de estas máquinas asesinas se detenga, propongo un acto de masas en una de las tantas plazas que hay en la ciudad, para incinerar allí el símbolo de semejante desorden urbano, en memoria de los muertos, los lisiados y los parapléjicos que dejaron a su paso estas chatarras andantes.