|
¡Qué lucidez la suya, Presidente!, su palabra, con eco de hidalguía, trae la dignidad a nuestros días como si el sol naciera en occidente. Hay claridad en el destino humano porque su voz alumbra cuando increpa, y se derrite el odio de la estepa bajo el fuego del sol californiano. No puede estar en Hollywood su empleo: está en la Casa Blanca, el coliseo donde se rueda el filme de la fe. Vino usted a borrar el deterioro para que este gigante del decoro se pusiera de pie. (Luis Mario - poeta cubano - 1982).
Recientemente se publicó un libro que recopila una serie de intervenciones radiales de Ronald Reagan, cuando aún no era el gobernador de California, pero sí había sido reelecto presidente de la Asociación de Actores. Al margen de lo circunstancial, lo importante es el impacto que provocará la lectura de los argumentos con los que analizaba y proponía soluciones a una diversidad de temas sociales y políticos, incluso con criterios premonitorios a, en esa época, sus futuras responsabilidades como presidente de USA.
Adicionalmente se percibe coherencia entre su discurso y sus actuaciones, cosa poco común en los políticos. Igualmente destila la firmeza que luego sustentó durante el ejercicio de la presidencia. Su visión panorámica, a nivel mundial, estaba definida desde esa época. Para disgusto de algunos y para grata sorpresa de muchos, el Reagan de las intervenciones radiales se expresaba y explicaba como todo un intelectual, con una escala de valores definida que empezó aplicándola en California, donde fue elegido gobernador por dos períodos consecutivos. Posteriormente, toda esa experiencia le sirvió, para conjuntamente con Margaret Thatcher y el Papa Juan XXIII, como aliados estratégicos, accionar a tal magnitud política que, tal como se lo propuso y la había vaticinado, desmanteló la falacia marxista, echando abajo el muro de Berlín y la cortina de hierro.
Lo paradójico de todo esto, es que sus detractores pretendían burlarse de él, ya que no lo consideraban un "intelectual", según la descripción de ellos. Afortunadamente el pueblo norteamericano sí supo valorarlo y le otorgó una merecida reelección. Y es que Reagan no ocultó, desde los inicios de su candidatura que, sus aspiraciones estaban aparejadas a retornar el concepto de grande de su país. |