Su incursión al mundo de las drogas empezó cuando apenas tenía 11 años. Alberto Lacayo acababa de recibir su diploma de sexto grado cuando llegó contento a su casa y encontró a su hermano, apodado "Pellín", consumiendo marihuana con un gringo. "Le dije: Dame un poquito porque si no se lo digo a mi papá", recuerda Alberto.
Allí empezó todo. A sus 53 años, reconoce que vivió una vida descarriada, en la que a cada momento caía preso, fue como 7 veces a Coiba y actualmente tiene 3 años y medio de haber salido de la cárcel.
Para gloria de Alberto fue precisamente estando en la cárcel que un hombre le dijo que su persona y su familia tenían una maldición, y si él como cabeza de familia no rompía con eso, iban a seguir siempre en lo mismo. Es que aparte de Alberto también su esposa, su hijo y sobrinos andaban en ese mundo, "pero gracias a Dios cuando yo di el paso de fe todo eso se ha ido desvaneciendo".
Cuenta que estando en la cárcel compartiendo con sus hermanos oyó una voz que le decía: Yo te he dejado correr, que tú pruebes ese mundo, ¿que tú tienes de eso? Yo caí de rodillas llorando como por dos horas y media y sentía como un fuego que me quemaba en la Cárcel de Penonomé".
Alberto entendió bien claro el mensaje y desde entonces no se ha apartado del Señor. Hoy día se gana la vida honradamente con apoyo de dos güiros de cortar grama y de vez en cuando corta cabello en su propia casa.
Aunque parezca mentira, hoy día Alberto Lacayo predica en la Cárcel de La Chorrera, visita la Cárcel de Penonomé y muy pronto estará entrando a la Cárcel de Mujeres, a La Joya y a la Joyita.
Aunque por el momento Lacayo no recibe ninguna remuneración por la labor que realiza, más adelante será recompensado por tratarse de un Proyecto que viene de Estados Unidos.