Casi al finalizar el 2008, un breve comentario en una columna periodística que no es de Crítica Libre, se refería al derecho de los panameños "a saber si nuestro sistema financiero había sido víctima de fraudes" y agregaba que si sucedía un hecho de tal magnitud, "el deber de la Superintendencia de Bancos de Panamá era investigar si hay dinero local comprometido y divulgarlo de inmediato".
Ejemplarizaba sobre lo que ha sucedido en las finanzas de bancos y empresas inversoras en los Estados Unidos de Norteamérica, "embaucadas por una estafa multimillonaria en Wall Street". Parece que olvidaron lo que pasó en Panamá con el Banco Disa y Fedpa, S.A., de los cuales ni se han hallado culpables, y en ninguna forma se ha resarcido de las pérdidas a los inversores.
Pero puntualizaba el artículo en mención su preocupación por los "centenares de millones de dólares depositados en las cooperativas, que casi nadie vigila y que, en consecuencia, su debacle pondría en riesgo nuestra frágil economía".
Quizás por olvido involuntario, o por falta del espacio correspondiente, quien escribió el comentario no hizo alusión al Reglamento que, en cumplimiento de la Ley 42 del 2 de octubre de 2000, expidió el Instituto Panameño Autónomo Cooperativo (IPACOOP) con el asesoramiento de la Unidad de Análisis Financiero para la Prevención del Blanqueo de Capitales y Financiamiento del Terrorismo (U.A.F.), que dota a las cooperativas de ahorro y crédito de las orientaciones legales y operativas para evitar los delitos señalados.
Es conocido que tanto los bancos, las conocidas financieras, las compañías de seguros y las cooperativas tienen leyes y reglamentos que tratan de evitar al máximo la comisión de delitos financieros.
Es prudente que haya una revisión periódica de las mismas, también que haya una coordinación entre todas, pero que cada una fortalezca las medidas que den mayor confianza a los inversores.
Lo que es inevitable es que el ser humano, los empleados o funcionarios de dichas instituciones, también especialicen su capacidad de evitar que fácilmente los atrapen en sus fechorías.
Para estos casos, una buena investigación , y para ello hay que reforzar el personal humano, debe dar con los culpables y para ellos no haya otro camino que la cárcel.