Esta situación ocurre en cualquier punto geográfico social del país. No es exclusivo de los barrios populares. El hecho es común, sobre todo porque el señor de la casa deja de atender su hogar.
En los barrios de gente ‘platuda’ lo usual es que el hombre de negocios no pare el pie en casa. Se la pasa viajando, lo que da lugar a que alguien (lechero, el vendedor de pizza o el jardinero) se levante la hembra porque no hay quien le ayude a poner los tornillos en la pared para arreglar los cuadros. Al permitir el acceso a un hombre se abre el espacio para algo más.
Aquí la sinvergüenzura de la mujer juega un papel de importancia. Es ella la que puede definir el queme o no, pero también hay hombres casados que quieren tirar sus ganchos para ver si su ‘fish’ cae para halar la cuerda.
En los barrios populares la vaina cambia. No es que señor de la casa se la pase en sus negocios fuera del país. En este caso, el hombre atiende otro tipo de actividad que es precisamente quemar a su mujer a diario, llega tarde a casa y se la pasa de cantina en cantina. No hay tiempo para atender a la esposa ni en la intimidad. Así, el de al lado se las ingenia para salir en busca de la conejita indefensa y falta de amor.
Todas las situaciones expuestas son criticables desde cualquier punto de vista, ya sea el religioso o el moralista, por ello expresamos las críticas a aquellos que se la pasan levantando a las mujeres que quedan en casa atendiendo a los pequeñines cuando, supuestamente el hombre está trabajando.
Hermano, si usted ya se tiró la soga al cuello y tiene su ‘guial’ por qué anda por ahí buscando la cosita que le pertenece a otro man.
Déjese de sinvergüenzura de la pura y dedíquele más tiempo a esa mujer que espera cariño y mucho amor de parte suya. No sea bobo, cuidado que ya alguien está trabajando el área y hasta ha dormido en su cama.