El Evangelio de San Mateo (Mt 2, 1-12) cuenta sobre unos Magos que vinieron de Oriente buscando al nuevo rey que habría de nacer. En las escrituras no se abunda mucho sobre su origen, su personalidad, sus rasgos, ni siquiera sus nombres.
Se asume que eran "sabios" o astrónomos, llamados en aquella época como "magos", porque venían siguiendo una estrella que presagiaba la llegada del nuevo rey.
Como venían con regalos para el rey que habría de nacer, la tradición los describe como reyes bondadosos con presentes para todos, asignándole un nombre y rasgos específicos a cada uno.
Melchor: Un anciano blanco con barbas blancas. Su regalo para Jesús es oro, representando su naturaleza real. Gaspar: Joven moreno. Su regalo es el incienso, que representa la naturaleza divina de Jesús. Baltasar: De raza negra. Su regalo a Jesús es mirra, que representa su sufrimiento y muerte futura.
Hasta el siglo 4 no se estableció en tres el número de los reyes magos. Por la misma época se decidió que uno fuese negro e incluso después del descubrimiento de América, en el siglo 15, se representó en ocasiones a Baltasar como un jefe indio. En el siglo 9 se les designó por primera vez con sus nombres actuales y en lo que se refiere a la estrella que les guió, se hicieron conjeturas sobre una triple conjunción de los planetas Júpiter y Saturno a su paso por Piscis. La tradición afirma que esa gran estrella, una vez su cometido providencial, estalló como una flor de luz, que sus trozos se esparcieron por todo el mundo y que esos fragmentos se convirtieron en rubíes.