Saludos, amigos y amigas del béisbol, bienvenidos a otra jornada de la pelota criolla. Hoy en el inicio de un nuevo año, miramos hacia aelante, hacia atrás sólo para reflexionar y corregirnos de los errores y las deficiencias que como todo hombre tenemos. Pero siempre apuntando a un norte específico, reconociendo nuestras fallas.
Hoy quiero hablarles de un personaje nuevo en este fascinante mundo de la pelota. Para muchos quizás insignificante, pero para su dueño o amo, un amigo, como bien dice el viejo adagio, el mejor amigo del hombre, en este caso, el mejor amigo del muchacho, del soñador, del pelotero y de la leyenda.
"Vencedor" era el nombre de un perro que queda en la mente de su amo. En esos tiempos, amigos inseparables, caminantes al andar, compañeros, uno y otro, dos sólidas piezas de acero que se fundirían en uno solo, para convertirse en una roca impenetrable.
"Vencedor" y ese muchacho aprendieron de las dificultades de la vida, se armaron de valor, pelearon juntos por no dejarse marcar por los malos pasos, siempre caminaron por un sendero de honradez, sencillos, humildes, pero luchadores.
La fuerza que conquistaron en sus carreras, por caminos salpicados por el mar, por manglares, carreteras poco acabadas, le dio a su amo el don de pelear y combatir y llevar consigo ese dogma espiritual que lo ha fortalecido por muchos años.
"Vencedor" no está, pero su lealtad quedó, su amistad, su franca mirada y su singular caminar. Hoy el muchacho tampoco está, queda el hombre que en el futuro será una leyenda.
Mis respetos a Mariano Rivera.
!Viva el béisbol!