MENSAJE
Entre dos vías
- Hermano Pablo
- Costa Mesa, California
La máquina funciona
de día y de noche, y como es máquina, lo hace sin sentimientos.
José Alvarez, capataz de trabajo de caminos en México, labora
en las cercanías de Acapulco. Parte del oficio consiste en pintar
las dos rayas amarillas que dividen los carriles de una y otra directiva.
Para esto se usa una gran máquina que va dejando atrás sus
listones.
En esta ocasión las cuadrillas trabajaban de noche, y no se dieron
cuenta cuando su insensible máquina pasó encima de un cuerpo
humano, dejando sobre él sus dos rayas amarillas.
Uno de los periódicos de México rindió este informe.
"Hombre encontrado muerto boca abajo, con dos rayas de pintura sobre
la espalda. La mitad del cuerpo en la vía que va; la otra mitad en
la que viene". Y el reportero añadió que el comentario
de la gente era: "Este siempre anduvo entre dos vías".
No sabe uno si lamentar la tragedia misma, o si lamentar la condición
que condujo a la tragedia.
Lo más probable es que este hombre vivió por mucho tiempo
entre dos vías. Vivió entre el escaso bienestar que puede
lograr el jornalero, y la indigencia absoluta que es la parte del pobre.
Vivió entre la poca instrucción que recibió en la primaria
y la ignorancia casi total que es parte de tantos. Vivió entre la
escasa lucidez que tenía su cerebro cuando andaba sobrio, y la torpeza
total que le producía el alcohol.
¡Cuantas personas hay en este mundo que viven perdidas entre dos
vías! Me refiero a los dos caminos de los cuales habló Jesús.
"Entren por la puerta estrecha advirtió el Maestro-. Porque
es ancha la puerta, y espacioso el camino que conduce a la destrucción,
y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta, y angosto el camino
que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran". (Mateo 7:13-14).
La gran tragedia de la vida es la tragedia espiritual. Esta es la que
nos lleva a todas las otras tragedias que nos destruyen. Todo hombre sabe
que debe escoger el camino de la vida eterna, pero quizá por no saber
cómo, o por no querer, queda por fin destruido. No debatamos más
entre dos vías. Entreguémosle nuestra vida a Cristo. Sólo
en El y con El hay seguridad. El nos está esperando.


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