Viernes 1 de enero de 1999

 








 

 


MENSAJE
Entre dos vías

Hermano Pablo
Costa Mesa, California

La máquina funciona de día y de noche, y como es máquina, lo hace sin sentimientos. José Alvarez, capataz de trabajo de caminos en México, labora en las cercanías de Acapulco. Parte del oficio consiste en pintar las dos rayas amarillas que dividen los carriles de una y otra directiva. Para esto se usa una gran máquina que va dejando atrás sus listones.

En esta ocasión las cuadrillas trabajaban de noche, y no se dieron cuenta cuando su insensible máquina pasó encima de un cuerpo humano, dejando sobre él sus dos rayas amarillas.

Uno de los periódicos de México rindió este informe. "Hombre encontrado muerto boca abajo, con dos rayas de pintura sobre la espalda. La mitad del cuerpo en la vía que va; la otra mitad en la que viene". Y el reportero añadió que el comentario de la gente era: "Este siempre anduvo entre dos vías". No sabe uno si lamentar la tragedia misma, o si lamentar la condición que condujo a la tragedia.

Lo más probable es que este hombre vivió por mucho tiempo entre dos vías. Vivió entre el escaso bienestar que puede lograr el jornalero, y la indigencia absoluta que es la parte del pobre. Vivió entre la poca instrucción que recibió en la primaria y la ignorancia casi total que es parte de tantos. Vivió entre la escasa lucidez que tenía su cerebro cuando andaba sobrio, y la torpeza total que le producía el alcohol.

¡Cuantas personas hay en este mundo que viven perdidas entre dos vías! Me refiero a los dos caminos de los cuales habló Jesús. "Entren por la puerta estrecha ­advirtió el Maestro-. Porque es ancha la puerta, y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran". (Mateo 7:13-14).

La gran tragedia de la vida es la tragedia espiritual. Esta es la que nos lleva a todas las otras tragedias que nos destruyen. Todo hombre sabe que debe escoger el camino de la vida eterna, pero quizá por no saber cómo, o por no querer, queda por fin destruido. No debatamos más entre dos vías. Entreguémosle nuestra vida a Cristo. Sólo en El y con El hay seguridad. El nos está esperando.

 

 

 

 

 

CULTURA
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