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Entre las cosas del diario vivir en este pequeño y bellaco país, luego del jolgorio de las fiestas de fin de año, está el saber que el Canal de Panamá produjo al gobierno decenas de millones más que el año pasado. Es una buena noticia, aunque algún "malas lenguas" dirá que "ahora el gobierno tendrá más plata para despilfarrar".
También otro negativo pensará que antes cuando estaban los gringos cuidando el Canal, ellos producían a la economía nacional cerca de cuatrocientos millones de dólares al año. Indudablemente que esta cifra es superior a la de ahora, que no estamos seguros que lleguen a beneficiar al verdadero pueblo panameño.
Bueno, de todas maneras, quienes manejan el Canal se merecen una felicitación, porque lo están haciendo bien con mucha seguridad y dejando su cualquier realito al gobierno.
Otro asunto que no puedo digerir, por más que lo he masticado enterándome de las versiones del Tribunal Electoral, es la necesidad de anular setecientas mil cédulas, así no más, porque se descubrieron varios plásticos ilegales.
"Algo más feo debe haber detrás de esto", para que se haya tomado tan drástica medida, es una frase que revolotea por mi cerebro curioso (o malicioso).
En lo personal, siempre he conocido al hoy magistrado Eduardo Valdés como un hombre serio, probo y honesto. Pero, repito, tengo una "duda lógica". ¿Se anularán tantas cédulas porque podrían ser o fueron falsificadas? Si es así, que lo confiesen. De esta manera no me sorprenderé si alguien me dice que por allí hay otro Milcíades que es colombiano, chino o simplemente arnulfista...(?)
Recorriendo la agencia del diario vivir, no puedo quedarme callado ante el vergonzoso espectáculo de la Universidad de Panamá convertida en basurero.
Con esto no estoy a favor del Rector, o en contra de las aspiraciones de los administrativos de recibir el dinero al cual tienen derecho.
Pero me parece que cerrar cafeterías que benefician a la gente humilde universitaria (ellos mismos, dicho sea de paso); convertir a la Casa de Méndez Pereira en un chiquero... es algo exagerado para una protesta laboral.
Miles de personas estuvimos expuestos a una epidemia durante días. Yo tuve que poner exámenes en salones que tenían en una esquina basura de varios días. Caminé por pasillos hediondos. ¡Ni me atreví a asomarme a los baños!
En otros tiempos, la Universidad era considerada el sitio donde estaba la intelectualidad de este país. Muchos de esos administrativos (comenzando por su dirigente, a quien gradué de licenciado en periodismo) son gente preparada.
Para mí, este método de lucha degradó al Alma Mater de miles de profesionales. ¡Qué puede opinar de nuestro nivel cultural un extranjero que se enteró por Internet de esta cochina realidad universitaria? (El hombre es el único animal que ensucia a propósito el sitio donde vive... o trabaja). |