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La ardilla loca

Julio C. Caicedo | Periodista

Cada año aumentan en Panamá comentarios sobre la conducta de pájaros y animales del monte, que ocupan los pocos bolsones verdes que quedan en barriadas y ciudades. En Obarrio vive un inocente italiano que no sabe que en la intrincada mata de bambú que ocupa un rincón de su patio habita una enorme serpiente enroscada entre los vericuetos de la empalizada. Ratones, gatos persas, zorras y hasta changamés, conforman el variado menú del reptil, que utiliza los alcantarillados subterráneos para llegar sin tranques hasta donde la lleve su instinto, sobre todo hasta la pata de los palos en donde duermen cientos de pájaros negros. Una ardilla que llaman loca y que convive con el italiano, se alimenta de lo que queda en una cesta colgante que mantiene el anciano con agua, verduras y granos para tres cuadrillas de loros, que llegan al área bancaria, cuando las montañas del canal han terminado de tragarse el sol de la tarde.

La ardilla y ahora ustedes son los únicos que saben que en ese rincón tropical, entre lo más espeso del bambú vive una enorme culebra. En las mañanas soleadas, los transeúntes han visto a la ardilla dar saltos como una loca en las ramas altas del bambú, lanzando pedazos de tuzas de maíz nuevo y hasta la comida de los loros al culebrón, que no sabemos si emerge de la hojarasca para tomar el sol mañanero o para escuchar mejor la voces de antiguas mujeres cantando óperas del laureado compositor Gioachino Rossini, o La Amelia de un ballo in maschera o La Gilda de Rigoletto, que acompaña el inocente italiano con café y arroz recalentado, sentado en el portal, auscultando cada variación de las óperas a pesar de haberlas escuchado miles de veces.

Conocedores del mundo italiano, de antes y después del auge de las mafias en Nueva York y Chicago, aseguran que la ardilla no está loca, que se trata de una vulgar "venduta", digna de una denuncia a la Procuraduría, pues un elevado número de pajarillos que aterrizan a comerse los guineos que lanza la ardilla a la culebra, no han regresado más a las ramas de los árboles para competir con la ópera de Rossini.



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