Milcíades A. Ortiz Jr.
Mi madre estaba orgullosa de los artículos que hacía sobre ella y otras madres, cada ocho de diciembre.
Una vez le plastifiqué una de estas "columnas" y ella se la mostraba con orgullo a quienes la visitaban.
Para mi era algo delicado escribir todos los años sobre las madres porque comprendía que la vía iba a morir en cualquier momento.
Italia Vaccaro de Ortiz llegó a vivir veinte días luego de cumplir noventa y dos años. Murió tranquila hace más de dos años, y ahora puedo escribir sobre las madres sin sentir apretado el corazón.
En realidad no hay que esperar los ocho de diciembre para celebrar el Día de las Madres. Suena repetido decir que "madre sólo hay una" y que se le debe rendir tributo todos los días del año.
El panameño celebra de manera variada esa fecha. Unos le llevan un bonito regalo a su madre, lo que la emociona. La pueden llevar a comer a un restaurante de lujo, e incluso enviarle unos mariachis para que le canten una serenata.
Otros hijos se la pasan todo el año aprovechándose de su vieja madre, y luego ese día le regalan cualquier tontería para salir de la obligación. Ella lo recibirá con agradecimiento.
Pero también hay otros hijos que aprovechan el día para darle preocupaciones y trabajo a su madre.
Son aquellos que se presentan con toda la familia... para que la vieja les prepare un buen almuerzo. Incluso llegan a tener la cara dura de decir que "así se celebra mejor ese día".
Los hay que se pasan años casi sin atender a su madre y cuando ella se muere, son los que más expresan su dolor.
Realmente han debido expresarle en vida sus sentimientos y amor y no esperar a hacerlo cuando ella ya no pueda recibirlos.
No es el valor del regalo del día de la madre lo que cuenta. Vale más pasarse todo el año visitándola, atendiéndola, demostrándole amor, y no querer tapar ese descuido gastando dinero en un costoso obsequio.
A propósito, no es del todo cierto que madre sólo hay una. El bellaco Cholito del viejo café de Santana, siempre protesta para esta fecha.
Alega que tiene que dar varios regalos, porque para él hay muchas madres.
Me habla de su madre biológica, una tía que ayudó a criarlo, la abuela siempre amorosa y la madre de sus hijos.
Con una sonrisa le digo que tiene mucha suerte de tener más de una madre. A veces pienso que no entiende lo que le digo. El sólo piensa en la plata que le costaron los regalos...