Con el aumento de la población de los seres humanos en el mundo, las exigencias del consumidor cada día son mayores, y es que concienciar a una población en lo que representa la inocuidad de los alimentos y el porqué consumirlos es una ardua tarea del Estado. Desde antaño, los gobiernos se interesaron en codificar las reglas para proteger a los consumidores contra las prácticas fraudulentas en la venta de los alimentos, ya que la población que estaba al margen de las buenas prácticas de manufacturas era azotada por intoxicaciones y epidemias, producto de las contaminaciones.
MUNDO GLOBALIZADO
Hoy en este mundo globalizado, las exigencias alimenticias son cada día mayor y esto es un indicativo, de que a mayor cantidad de producción de alimentos la posibilidad de contaminarse es más significativa, por lo que se hace imperante conocer mediante procesos analíticos más precisos sobre la naturaleza de los alimentos, su calidad y los riesgos que implican para la salud humana. Para esto los mecanismos de control han llevado a los países a utilizar con exactitud la microbiología, la química de alimentos y las disciplinas afines, garantizando así la producción y calidad del producto terminado.
CODEX ALIMENTARIUS
Para muchos el término Codex Alimentarius no tiene ningún significado, pero esta norma internacional rige la calidad de los alimentos que a diario consumimos. Desde su creación, la Comisión del Codex junto con sus comités auxiliares han concedido la máxima prioridad a la protección y a los intereses de los consumidores en la formulación de normas alimentarias y actividades conexas. Otros organismos de las Naciones Unidas han reconocido también la importancia de la protección de los consumidores, y en 1985 una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas dio origen a las directrices para la protección del consumidor, publicadas en 1986. En ellas se indica que los alimentos son una de las tres esferas prioritarias de interés esencial para la salud de los consumidores y se menciona expresamente el Codex Alimentarius como el punto de referencia para la protección de los consumidores.
DESDE LA ANTIGüEDAD
En la Antigua Atenas se realizaban inspecciones para determinar la pureza y el buen estado de la cerveza y el vino, y los romanos tenían un sistema proteger a los consumidores contra fraudes o productos de mala calidad.
En las tablillas asirias, se describía el método que debía aplicarse para determinar los pesos y medidas de los cereales destinados al consumo humano; y en los rollos egipcios se establecían las etiquetas para ciertos alimentos.