Una educación bien administrada a los niños y niñas del país es la garantía para que en el futuro contemos con hombres y mujeres capacitados, responsables y decididos a echar hacia adelante el progreso de nuestra Nación. Afirmando ese planteamiento, es menester entonces formarlos desde pequeños a ser creadores e inventores, con mentes que sepan manejar la critica, el análisis, la reflexión y la observación y que les permitan tomar decisiones y saberse proyectar ante las adversidades.
En ese sentido tenemos que comenzar a fomentar, a motivar y alentarlos para que, desde sus primeros años de vida, sean activos, espontáneos y se interesen por los estudios, la lectura para que, como sostiene el método socrático de la enseñanza, la mayéutica, encuentren su mismidad, su horizonte, sus respuestas y, principalmente, sepan detectar la vocación, los talentos, las virtudes que poseen y que encuentren sus estrellas guías.
Obviamente, los padres, maestros y profesores, tienen que ser sus mentores y consejeros y saberles inculcar los elementos espirituales, morales, cívicos, académicos, materiales y los valores que los formarán integralmente. Al igual, el Centro Educativo, el Estado y la sociedad, proveerles las herramientas, los materiales didácticos, adecuados.
En esa dirección se perfila el pacto social por la educación, se orienta la visión social del docente y se proyecta la misión del Ministerio de Educación como responsables del deber constitucional del Estado que es la formación de hombres y mujeres capacitados profesionalmente, competitivos, de conciencia ciudadana, de visual humana, y de alto sentido de solidaridad. Hombres y mujeres decididos, reflexivos, críticos y con alto sentido de Patria. La Educación inicial, el preescolar, los jardines infantiles, los métodos lúdicos, el amor de los padres y madres y la vocación del docente son los mejores aliados y el mejor camino para arraigar el interés por los estudios y la preparación académica y por tal para el verdadero desarrollo y del Progreso nacional.