Tenía sólo 20 años en 1958, su primer año en las Grandes Ligas y, sin embargo, contribuyó a tal grado al éxito de los Gigantes de San Francisco, que fue elegido como el Novato del Año de la Liga Nacional. Nueve años más tarde, volvió a contribuir notablemente al éxito de su club, llevando esta vez a los Cardenales de San Luis a coronarse campeones de la Serie Mundial. En la temporada de 1967 fue elegido, nuevamente por votación unánime, como el «Jugador más valioso». Era la primera vez que esa elección había sido unánime desde 1936.
A lo largo de su carrera, superó el promedio de bateo de .300 en nueve de sus diecisiete temporadas, impulsó 1.365 carreras y conectó 379 cuadrangulares. Conectó más de 25 cuadrangulares en ocho temporadas, y fue el primero en conectar más de 20 como jugador en cuatro equipos: los Gigantes, los Cardenales, los Bravos y los Medias Rojas.
Por eso los aficionados al béisbol lo eligieron una de las Estrellas de la Liga Nacional en siete ocasiones, y a la postre, en 1999, el Comité de Veteranos votó en favor de que ingresara al Salón de la Fama, ocupando así un lugar al lado de su paisano Roberto Clemente y su compañero Juan Marichal.
Se trata de Orlando Manuel Cepeda, potente bateador de Puerto Rico, al que le tocó superar una lesión tras otra, sufridas en las rodillas. No dejó de jugar con garra, haciendo honor al apodo Baby Bull («el becerro» en inglés) que le dieron por ser hijo y heredero del talento de Pedro «El Toro» Cepeda, el mejor pelotero puertorriqueño de su época.
En su autobiografía, Orlando «Peruchín» Cepeda cuenta cómo jugó con todo y ascendió hasta la cumbre del béisbol, sólo para descender hasta una cárcel por jugar con la marihuana. Luego de diez meses tras las rejas y otros dos de rehabilitación, sufrió el oprobio de haber llegado a ser la vergüenza de su pueblo y una deshonra a la memoria de su padre, y sintió el vacío que deja la separación de su esposa e hijos. De ahí que dijera: «Necesitaba algo más grande, más fuerte que yo mismo.»
De ahí en adelante se entregó a la difícil tarea de recomponer su vida y de advertir a niños y a jóvenes, que con las drogas no se juega. Tomemos a pecho esta lección que le costó tan caro aprender al ex ídolo, la misma que el sabio Salomón resumió en el siguiente proverbio: «No abras zanjas si no quieres caer en ellas, ni hagas rodar piedras si no quieres que te aplasten.»