En la crianza, las condiciones de alimentación y de vida de los terneros suelen estar bajo control y revisión diaria de los animales, para prevenir la detección de problemas a tiempo. El paso a la recría, sin leche, suele ser una caída a un pozo negro, pero la crianza no termina en el desleche.
La nutrición artificial de los terneros es el inicio de un proceso que tiene por objeto lograr hembras de reemplazo o machos para la producción de carne. La corta edad de los animales, el tipo de alimentación y los sistemas individuales de cuidado exigen un manejo intensivo, diferente al tratamiento colectivo que se hace con el resto de las categorías en los sistemas pastoriles.
Es común considerar que la lactancia finaliza cuando se suspende el suministro de leche o sustituto lácteo, entre los 45 y 60 días de edad, destinando escasa atención a las dos o tres semanas siguientes que son fundamentales par la adaptación del ternero a condiciones de campo.
Esto constituye un error pues animales pequeños que estuvieron alojados en jaulas o amarrados a estacas, de repente tienen que aprender a convivir con otros de mayor tamaño y edad, conocer en espacios muy grandes la ubicación de los lugares de pastoreo, el acceso a comenderas y aguadas y enfrentar un cambio brusco de su dieta habitual.
La idea del control alimenticio de las reces, es para proteger la salud de los mismo y a la vez, darle un estado más fuerte para el resto de su vida en su etapa adulta.
Pues, hay que tener claro que su destino es sólo uno.